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Mujeres y niñas en la ciencia. Una reflexión en plural
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Por: Mirella Sofía Lauricella y Ana Laura Elbirt (becarias de la UE CISOR)
El 11 de febrero, fecha en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, iniciamos por sugerencia personal y con la adhesión de la UE CISOR una campaña de sensibilización con el objetivo de aportar a la discusión sobre la igualdad de género en este ámbito, a partir de las experiencias de becarias e investigadoras de la institución.
En el marco de esta campaña, una de las actividades se abrió a la participación vía redes sociales. Decenas de usuarias y usuarios eligieron dos palabras para definir el rol de las mujeres y las niñas en la ciencia. El resultado se plasmó en una nube colorida de términos que expresan pluralidad de ideas y de opiniones, en donde el tamaño de las palabras se relaciona con la frecuencia de su elección, siendo la más grande la principal seleccionada*. En diálogo con algunos de estos términos es que esbozamos la presente reflexión, como un cierre provisorio a esta campaña. Las conclusiones resultan ser transitorias, puesto que el debate que aquí nos proponemos debe continuar, en tanto necesario y urgente para afrontar la problemática del acceso y el reconocimiento de las mujeres en el ámbito científico.
Según el Diagnóstico sobre la Situación de las Mujeres en Ciencia y Tecnología en Argentina presentado en 2020*, la distribución de cargos de autoridad en organismos de CyT es de un 86% para los varones y el restante 14% para las mujeres. Esto incluye datos de 2019, tomados a nivel Rectorado, Secretarías de CyT (o similar), y Académica en universidades de gestión estatal y privada.
En el caso de CONICET, la estadística de 2019 presenta índices de mayor paridad al expresado anteriormente. Del total del personal de este organismo, el 47% son varones y el 53% está conformado por mujeres*. No obstante, estos datos se complejizan en la medida en que se avanza en los cargos de jerarquía donde por ejemplo, de un total de 208 investigadores de categoría superior, el 75% son varones y el 25% está constituido por mujeres.
Dora Barrancos, reconocida investigadora social feminista de nuestro país, orientó sus estudios a la visibilización del rol crítico de las mujeres en la sociedad. En este marco, sostiene que si bien las mujeres participamos “desde siempre” en el desarrollo científico y tecnológico, es tan solo en momentos recientes cuando se empezó a trabajar en el reconocimiento y valorización de sus descubrimientos y aportes en estos ámbitos. Asimismo, señala que el acceso desigual a cargos jerárquicos de ninguna manera debe explicarse por “la pérdida de inteligencia” o capacidad: “por mandato social y cultural, las científicas continúan encargándose de las tareas domésticas, reproductivas y de crianza. Aun se constituyen en protagonistas dominantes de estas esferas y ello configura verdaderos límites para la producción científica y la competencia que implica la carrera (...). Siempre triunfarán los hombres en la medida en que tengan mayor disponibilidad de tiempo para sus vidas académicas. También ello convive con un fenómeno de autoimpugnación: mientras los hombres irrumpen en los escenarios, nosotras nos preguntamos varias veces antes de decidir si nos conviene ocupar una posición de poder”*.
Estas reflexiones, sumadas a los datos estadísticos que presentamos, permiten dar cuenta del grado de “compromiso” con el que las mujeres trabajamos, nuestra “perseverancia”, “dedicación” y “responsabilidad”, en un contexto en donde la “igualdad” aún está muy lejos.
En este punto, aparecen las ideas del “obstáculo” y la “cuesta arriba” presentes en la nube de palabras. En los estudios de género hay un concepto fundamental para explicar la segregación de las mujeres en el mundo laboral: el “techo de cristal”. Una barrera invisible (no dicha) que se nos presenta constantemente, que aparece con toda su fuerza cuando las mujeres aspiramos a “crecer” en nuestra carrera profesional.
En complemento, se encuentran las “paredes de cristal”, metáfora que ayuda a entender el modo a través del cual en determinadas áreas temáticas o disciplinas científicas, cuantitativamente se insertan más mujeres que varones. Históricamente construidos, estos estereotipos sociales se vinculan a las asociaciones entre las prácticas y sus perfiles “masculinos” y/o “femeninos”, asociados principalmente a nociones tales como los ámbitos en donde mayormente cada disciplina se desarrolla (sea el laboratorio, las aulas, los terrenos), el uso de la “fuerza física” o la “racionalidad”, o bien la idea socialmente considerada como contraria, de requerimientos de “cuidado” o“sensibilidad”. Con todas estas descripciones y calificaciones nos debemos empezar a cuestionar con un sentido crítico, para comenzar a “abrir caminos” que derrumben los techos y muros a nosotras impuestos.
En las ciencias sociales y las humanidades, insistimos que el conocimiento científico debe poder servir para problematizar el mundo en el que vivimos y contribuir a la construcción de sociedades más justas e igualitarias. Justamente nuestros campos disciplinares se orientan a la investigación para la comprensión de la compleja realidad en la que habitamos. Por ello consideramos fundamental incorporar la perspectiva de género en la ciencia desde donde trabajamos, porque los problemas sociales no son iguales (sea por nuestras clases, etnias, religiones o nacionalidades), pero por sobre todo, no es la misma vivencia la de mujeres que la de varones.
La perspectiva de género en la ciencia nos ayuda no solo a transformar las inequidades en el acceso, el reconocimiento, el crecimiento y la remuneración del trabajo que las mujeres desarrollamos en este ámbito, sino a conocer mejor nuestras sociedades. Este enfoque introduce diversidad y pluralidad en la construcción de los problemas de investigación y, en consecuencia, en la obtención de los resultados que derivan, muchas veces, en propuestas de extensión, vinculación o transferencia en nuestras comunidades.
Para cerrar esta reflexión, destacamos dos palabras muy movilizantes que aparecen en la nube formada: "imaginación" y "curiosidad". La perspectiva de género en todos los ámbitos, incluido el científico, dispara nuestra capacidad para interrogarnos acerca de lo supuestamente “natural” y dado, puesto que no existen roles predeterminados ni destinos acabados, somos nosotras y nosotros quienes lo modelamos, con nuestras cotidianidades y las decisiones que tomamos en el día a día.
El mundo en que vivimos puede ser de otro modo y la ciencia es una plataforma para su transformación, para "soñar en grande".
Ese es un proyecto en el que todas y todos debemos trabajar, de forma colectiva y sostenida.
* La participación de las usuarias y los usuarios se registró en la plataforma interactiva Mentimer. La "nube de palabras" resultante es la imagen que acompaña el presente ensayo.
* Estudio disponible en: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/diagnostico_sobre_la_situacion_de_equidad_de_las_mujeres_en_ciencia_y_tecnologia.pdf
* Véase las estadísticas en: https://cifras.conicet.gov.ar/publica/grafico/show-publico/446
* Véase las estadísticas en: https://cifras.conicet.gov.ar/publica/grafico/show-publico/431
* Entrevista a Dora Barrancos disponible en: http://www.unq.edu.ar/noticias/3474-las-mujeres-deben-resistir-y-protagonizar-la-escena-cient%C3%ADfica-con-mucha-convicci%C3%B3n.php